
El Maestro podía ser enormemente crítico
cuando pensaba que la crítica era necesaria.
Pero, por sorprendente que pueda parecer,
nadie tomaba a mal sus reprimendas.
Cuando alguien le preguntó la razón de ello,
el Maestro respondió:
"Todo depende de cómo lo haga uno.
Los seres humanos son como las flores:
abiertas y receptivas al manso rocío,
pero cerradas y reacias al violento aguacero".
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